Cannon Busters Netflix
Análisis

Crítica de Cannon Busters: temporada 1, el nuevo anime de Netflix

Por Rafa Domínguez

Crítica de Cannon Busters, temporada 1. La serie de televisión estrenada en Netflix está basada en los cómics de LeSean Thomas y cuenta con 12 capítulos de 25 minutos de duración en una historia de acción y fantasía para adultos coproducida por Satelight y Netflix. El estreno de Cannon Busters en Netflix España es el 15 de agosto de 2019.

Cannon Busters ha debutado en Netflix y no ha sido una tarea fácil.  El nuevo anime de la plataforma está basado en la serie de cómics originales de LeSean Thomas publicados en 2005, aunque fueron pausados posteriormente para resucitar el proyecto en forma de serie de animación.

Un hombre determinado, LeSean Thomas. En 2014, el autor del cómic inició una campaña de crowdfunding para financiar su ansiada producción animada basada en Cannon Busters. Tras lanzar el episodio piloto y con un puñado de buenas críticas bajo el brazo, Netflix le echó el guante a mediados de 2017. A pesar de retrasos en el lanzamiento, el sueño se hizo realidad y está disponible en la plataforma desde el 15 de agosto de 2019.

La serie de animación de Netflix está escrita y dirigida por el propio LeSean Thomas, con la ayuda de Natasha Allegri (Hora de Aventuras), Anne Toole (Horizon Zero Dawn y Days Gone) o Amanda Céline Miller (Super Drags), entre otros. Es hora de conocer a Philly El Niño, la adorable robot Casey y, sobre todo, a la clave de la serie: Sam, una androide que esconde un arma de devastación bajo su capa de inocencia y bondad.

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Sam, una androide de última generación con un corazón que, de tenerlo, no le cabría en el pecho, forma equipo con Casey, un droide de mantenimiento más tierno que el queso de Burgos, y el despreciable Philly El Niño, un fugitivo "bendecido" con el don de la inmortalidad al que nos hartaremos de repudiar. Juntos se embarcan en una montaña rusa de aventuras capítulo tras capítulo con un objetivo final: reunirse con el príncipe Kelby, el mejor amigo de Sam y heredero de uno de los reinos más importantes de Gearbolt.

No serán los únicos miembros del grupo, pero sí los más importantes. A su lado contarán con un Cadillac rosa que se transforma en un robot-toro gigante a base de monedas, como si de una recreativa se tratase, y del mayor bebedor de alcohol del mundo que, por nimio que parezca, también es el mejor espadachín que se haya visto. Todo esto rodeados por un mundo que mezcla la ciencia ficción con el salvaje oeste.

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Como podéis deducir de la línea anterior, Cannon Busters es una serie enfocada a un público más adulto. Además de acción y fantasía, el estreno de Netflix cuenta con un humor que se nutre de los dobles sentidos y el sexo, aunque también puede ser pueril y absurda. No hay filtros para el lenguaje soez y algunos de sus personajes, incluyendo a su protagonista Philly, son más de calle que las farolas.

En la primera temporada de Cannon Busters tendremos nuevas aventuras independientes en cada capítulo mientras se desarrollan tres tramas argumentales que se cruzarán en los dos episodios finales: por un lado, al equipo protagonista; por otro, al príncipe Kelby y su protector Odín que intentan refugiarse en el castillo de un reino súbdito después de ser asediados; y, por último, el del —cómo no— malvado hechicero conocido como Locke que —cómo no— ha secuestrado al Rey por medio de la magia oscura, prohíbida tiempo ha —usad la imaginación—.

La historia principal de la serie se construye sobre ciertos clichés que se intensifican con el escaso desarrollo que le permiten los doce capítulos de la primera temporada. Mientras que necesitamos esos episodios en los que se construyen lazos entre los personajes protagonistas con las diversas aventuras y situaciones de riesgo a las que se enfrentan, la trama principal queda desdibujada cuando nos enfrentamos a ella a matacaballo en dos capítulos finales que parecen haber caído del cielo por la imposición de cerrar la temporada.

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Esas aventuras no se alejan excesivamente de la línea argumental principal y son herramientas eficaces para construir ritmo y lucir la animación a la que tanto empeño le ha puesto su autor en sacar adelante. Incluso para sacar partido a la diversidad del mundo de Gearbolt y sus seres antropomorfos de todo tipo: desde los típicos perros y gatos, hasta reptiles y elefantes. Una joyita para los fans del furry.

Pero al desarrollo torpedeado por los tiempos se le suma un nuevo obstáculo, aunque este venga de base: el escaso carisma de los personajes. Aunque podamos esbozar alguna sonrisa con la ternura de los dos robots que acompañan a Philly, éste último es un personaje pretendidamente odioso, con ninguna habilidad más que la inmortalidad y la capacidad de soltar algún que otro disparate divertido que consigue avanzar en la trama a golpe de casualidades. Ni su trasfondo, ni su carácter, ni su verborrea tienen suficiente atractivo como para despertar un ápice curiosidad, por mucho precio que le pongan a su cabeza (cosa que tampoco lograremos resolver).

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Y si hablamos del escaso interés que genera Philly, su antihéroe protagonista, el Príncipe Kelby no se queda atrás. El desarrollo de estos personajes es el mayor lastre de la historia; otra cucharada de clichés basados en una venganza familiar o en la burbuja de la pomposidad y los mimos de la aristocracia. Dejan muy poco que rascar para levantar el clímax de la temporada que deja en las emociones todo el peso dramático. Y en ese sentido, estamos en un partido al que hemos sido invitados para pasar la tarde y el resultado nos da igual.

Sí que tiene más chispa cuando se pregunta sobre las condiciones existenciales de los robots, sobre la escasa humanidad de los humanos o, yéndonos por derroteros más sencillos, cuando presenta las habilidades de combate de nuevos personajes amigos y enemigos. Todo lo hace de puntillas, pero, en este caso, esas pinceladas son lo más destacable de la serie.

Sin embargo, y desde un enfoque más personal, encontramos cierto atractivo en el origen de su autor, LeSean Thomas. Un escritor estadounidense que, como muchos otros, se lanzan a aportar su granito de arena al género anime tras pasarse toda su vida devorando las producciones que llegaban desde el país nipón. Y la suya, aunque esté muy lejos de ser una historia redonda, suma puntos a las animaciones occidentales con matices culturales que se ven reflejados en los personajes que forman parte de su universo.

La banda sonora, el diseño de los escenarios y el control del ritmo durante las secuencias de acción son las armas con las que hacer frente a la complicada gestión que hace de la trama. Las ciudades son ciertamente únicas y, aunque no profundicen en ellas, están llenas de color y diversidad a las que sacan un gran partido a través de una violencia explícita en la que no se regodea, dejándola en perfecto equilibrio para no perder el tono humorístico de la serie.

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Cannon Busters es un anime al que merece la pena dar una oportunidad. La historia y el desarrollo de los personajes todavía tienen mucho por crecer en futuras temporadas, por lo que, aunque no sea el mejor anime de la plataforma y esperemos algunos cambios para la segunda, la serie de LeSean Thomas puede darle la razón a que el proyecto tiene futuro por delante.

Valoración

Cannon Busters está lejos de ser el mejor anime de Netflix, pero, a pesar de la compresión de la trama durante la primera temporada, el diseño, la banda sonora y el conjunto de la serie bien merecen una oportunidad.

Hobby

68

Aceptable

Lo mejor

El diseño de los personajes y los escenarios. El tono de la serie.

Lo peor

La historia queda muy dañada al reducirla a 12 capítulos, dejando el desarrollo de la trama y de algunos personajes sin opciones.

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